La República
El fin del Imperio ya estaba sellado cuando fue declarada la abolición de la esclavitud en 1888. La pérdida de apoyo de las elites conservadoras, agravada por las fricciones del Emperador con la Iglesia, en la llamada "Cuestión religiosa", y la crisis en el ejército después de la Guerra del Paraguay, origen de la "Cuestión militar", determinaría la caída de D. Pedro II y sería depuesto por un movimiento militar liderado por el Mariscal Deodoro da Fonseca en 1889. Tuvo inicio entonces el primer período republicano en Brasil. Hasta 1930, la República está controlada por las oligarquías agrarias de São Paulo, Minas Gerais y Rio de Janeiro. La importancia económica del café producido en São Paulo y del ganado en Minas Gerais sostiene la "política del café con leche", en que paulistas y mineiros se alternan en la presidencia de la República. En verdad, São Paulo solamente mantenía el poder que había conquistado con la consolidación de las nuevas bases económicas del país en las últimas décadas del Imperio.
El ferrocarril contribuía a la expansión del cultivo del café, atraía inmigrantes y permitía la colonización de nuevas áreas, en cuanto en las ciudades la industrialización avanzaba, creaba nuevos contornos urbanos y abría espacio para nuevas clases sociales, los obreros y la clase media. Más próspero que nunca, y ahora, un Estado verdadero dentro de la Federación, São Paulo veía surgir cada día una novedad diferente; la electricidad sustituía el farol a gas, llegaban los primeros automóviles (el primero de todos perteneció al padre de Santos Dumont, en 1892); crecían las líneas de tranvías eléctricos; se construían en la capital grandes obras urbanas, entre ellas, el "Viaduto do Chá" y la Avenida Paulista.
La singularidad de ese período consiste en la forma intensa con que todo se multiplica, desde la inmigración, que en el campo sostiene el cultivo del café, hasta el desarrollo de las ciudades, que llevan São Paulo a perder sus facciones de provincia y convertirse en la economía más dinámica del país. Todo el Estado paulista se transforma. Santos, Jundiaí, Itu, Campinas y diversas otras villas pasan a convivir con la sirena de las fábricas y con una nueva clase proletaria. Las huelgas y los "tumultos callejeros" se tornan asunto cotidiano de los registros policíacos, al mismo tiempo que comienza a mostrarse claramente la precariedad de la infraestructura urbana, exigida por la industrialización. Uno de los graves problemas pasó a ser la producción de energía, centro de atención de las autoridades estatales. En 1900 fue inaugurada en São Paulo, la Light, empresa canadiense y principal responsable por el sector hasta 1970. El Estado pasó a tener una significativa capacidad de producción de energía, lo que fue decisivo para el gran desarrollo industrial verificado entre 1930 y 1940. En ese nuevo contexto, más de una decena de pequeñas hidroeléctricas comenzaron a ser construidas, principalmente con el capital extranjero.
En ese período de la Primera República, la aristocracia cafetera paulista vive su apogeo. Pero la Revolución de 1930 pone un fin al liderazgo de la oligarquía cafetera, trayendo para el primer plano los Estados menores de la Federación, bajo el liderazgo de Rio Grande do Sul de Getulio Vargas. Las oligarquías paulistas promueven, contra el movimiento de 1930, la Revolución Constitucionalista en 1932, pero son derrotadas, a pesar de la pujanza económica demostrada por el Estado de São Paulo.
En 1930, los carriles de sus ferrocarriles llegaban a las proximidades del río Paraná y la colonización ocupaba más de un tercio del Estado. Las ciudades se multiplicaban. Socialmente, el Estado, con su más de un millón de inmigrantes, se transformaba en una torre de babel, profundamente marcado por las diferentes culturas traídas de más de 60 países. En la última década de la Vieja República, el modelo económico y político que sustentaba el predominio de São Paulo mostraba su agotamiento. Después de la Revolución de 1930, el país vivió un período de inestabilidad que favoreció la instalación de la dictadura de Getúlio Vargas, período de ocho años que terminó junto con la Segunda Guerra Mundial, abriendo un período de redemocratización y la instalación de la llamada Segunda República.
Entretanto, en el plano económico, el café superó la crisis por que pasó en el inicio de la década de 1930 y fue estimulado por buenos precios durante la guerra, favoreciendo la recuperación de São Paulo. Mas, ahora, era el momento de la industria, impulsionada, entre otros motivos, por los capitales desplazados de la agricultura. Poco después, otro gran salto sería dado, con la llegada de la industria automovilística en São Paulo, el carro-jefe de la economía nacional desde la década de 1950. A partir de esta actividad, el estado paulista se transformó en el mayor parque industrial del país, posición que continuó a mantener no obstante las transformaciones económicas y políticas vividas por el país, desde el fin de la Segunda República, la instalación de los gobiernos militares y el nuevo período de redemocratización vivido desde el final de la década de 1980